Es una lata eso de que te regalen dinero por Reyes para que te compres algo de ropa en las rebajas.

Sobre todo porque odio comprar ropa (dependientas por aquí, dependientas por allí, metiéndote jerseys de poliéster por la nariz, al grito de ¿no crees que es un amoooooorrrrrr este jersey?).

Eso se multiplica por cinco en rebajas. Y también se multiplica por cinco el número de personas que frecuentan las tiendas. Y lo que es peor, te miran con esa mirada brillante tipo mi tesssssssssoro: no les interesaba la prenda que tienes en la mano... hasta que te han visto cogerla. En ese momento la quieren para ellos, aunque no sea de su talla.

En fin. Hoy me he ido a mirar un abrigo a las rebajas, con el dinero de Reyes. He pensado que, con un poco de suerte, me sobrarían algunos euros para comprarme algo realmente útil, como por ejemplo una novela o una bolsa de Pikotas.

Había uno, así de diario, bastante ponible. Negro. Y barato. Y además había uno de mi talla justo encima de la pila de abrigos. Qué bien, he pensado; cojo el abrigo, lo pago y me voy. Compra rápida = compra feliz.

Ilusa de mí. ¿He dicho ya que mi madre quería también mirarse algo para ella en las rebajas? Pues eso. Y se ha venido conmigo.

Así que hemos ido a mirar jerseys.

He visto uno enseguida, bastante bonito. Rojo violáceo, casi lila (aquí seguro que cierta persona sonríe pensando en un batido veraniego). De mi talla, encima del montón de jerseys. Precio razonable. Qué bien, he pensado; cojo el jersey, lo pago y me voy. Compra rápida = compra feliz.

Ilusa de mí. El jersey tenía un bordado que estaba un poco maltrecho. Se lo he llevado a la dependienta para pedirle otro, ya que en el montón de los jerseys de color rojo violáceo no había ninguno más de mi talla.

La dependienta se ha ido a mirar al almacén. Al cabo de un rato ha vuelto y me ha dicho que no quedaba ningún jersey de mi talla; o me lo llevaba una talla más grande, o una más pequeña. ¿Estás segura de que esta es tu talla, bonita? Sí, señorita, estoy segura. ¿Seguro que no te quieres probar otra talla? Segura, señorita; adiós, señorita.

Se ve que la señorita quería vender hoy como fuera. Mira mira, me ha dicho; hay más jerseys de señora por aquí. Por ejemplo (agarra el primero que le pilla más a mano), ¿has visto este jersey gris? ¿No es ideaaaaaal para una chica de tu edad?

He pensado en decirle que sí, que era un jersey ideal para cualquier señora, que no chica, que quisiera travestirse de señor. Pero por una vez en mi vida he pensado antes de hablar.

Le he dicho que no. Que no me parecía ideaaaaaal para nadie.

Mi madre ha sonreído al oír mi comentario. Pero luego se ha intentado tragar la sonrisa para hacerse la inocente.

No ha colado, porque la he visto sonreír.

Así que nos hemos ido a casa. Ahora tengo un abrigo y, además, dinero para comprarme una novela y una bolsa de Pikotas.